javier arrés -pionero del criptoarte en españa- explora el concepto de creación y originalidad y a través de sus obras rastreamos el mercado del arte que se mueve en la actualidad. arte digital, tecnología y un nuevo concepto de originalidad

Obra: It’s Alive (serie Bitcoin, the origin), cortesía del artista Javier Arrés 

Desde sus inicios en el siglo pasado, el arte digital ha estado durante años sin una regulación estricta en lo que se refiere al autor mismo; en el momento en el que este sube una obra a internet, esa obra deja de ser original y pasa a pertenecer a la masa, flotando junto al resto de imágenes entre las que cohabitamos sin apenas percatarnos de ello.

 

Ahora, gracias a los -increíbles- adelantos tecnológicos, el arte digital, que se había convertido en el tuétano de la cultura colectiva en la que estamos inmersos (sobre todo para los nativos digitales), y sus autores ya pueden empuñar al unísono el grito de originalidad en relación a sus obras. Y es aquí dónde el arte digital se topa con las criptomonedas, Blockchain y el mercado artístico. Pero comencemos por el principio, ¿qué es el arte digital y qué es el criptoarte?


El arte digital, en sus comienzos, no era sino arte llevado a cabo a través de un ordenador -fórmulas y cálculos matemáticos mediante- que rompía con todas las leyes del arte (mimético) tradicional dando lugar a trabajos efímeros cuya originalidad y pertenencia a un autor X dejaba de ser importante: una vez subido a la red, cualquier trabajo sea de la índole que sea -incluido este artículo- deja de ser original porque puede ser reproducido tantas veces se quiera. Sin embargo, hace unos meses el reconocido artista digital Beeple vendió una obra digital -un archivo .jpg- por 69 millones de dólares. ¿Qué ha cambiado con respecto al arte digital anterior? Que han entrado en escena las criptomonedas y su plataforma Blockchain, dando lugar a que cada obra digital pueda tener asociada un archivo NFT (non-fungible token). Dicho archivo autentifica la originalidad de una obra a partir de la firma del autor que así lo acredita: a partir del NFT se atestigua de manera permanente que no existen dos obras iguales. Así, nace el criptoarte, que no es ningún movimiento artístico sino una manera de intercambiar arte digital original por criptomonedas.


El artista digital Javier Arrés -pionero del criptoarte en España- reflexiona sobre toda esta cuestión en obras como It’s alive, que pertenece a su serie Bitcoin, The Origin. A través de esta obra podemos rastrear el concepto de creación y originalidad inscritos en el arte digital que había quedado supeditado a algo secundario debido a la promiscuidad de las imágenes a la que estamos sometidos. El arte digital, en sus inicios y hasta tiempos recientes, no debía sus obras al encargo sino a un impulso personal y propio de los artistas, ¿no sucedió esto acaso con algunos movimientos artísticos -anteriores a las vanguardias- como el impresionismo? Un conjunto de artistas que -en parte dando la espalda a la realidad social- volcaron sus ojos hacia otros caminos y se alejaron de los códigos tradicionales en pleno siglo XIX; la realidad y su representación dejaban de ser centrales en el arte para dar paso a la recreación de las impresiones y del cambiante ambiente exterior. Sin embargo, los impresionistas no rompieron totalmente con la tradición anterior ni con su lenguaje, con lo que el arte digital vendría a ser un cambio de paradigma total con respecto a todo escenario artístico anterior: arte mediado por un código binario. 


La creación inmersa en el concepto que llamamos internet da lugar a nuevas experiencias de recepción, a nuevos públicos y a nuevos discursos; la era digital y la globalización deconstruyendo tu realidad de imágenes. 

*Promiscuidad de las imágenes: concepto acuñado por la historiadora del arte Yayo Aznar

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