INÊS ZENHA: LA SOLIDEZ DE LO LÍQUIDO

Revisitamos el solo show "Aguas turbias" de la artista portuguesa en el Museo CA2M.

El Museo CA2M se consolida como espacio donde el arte contemporáneo opera como investigación y pensamiento crítico. Siguiendo a Michel Foucault [1], quien señalaba que no hay conocimiento sin relaciones de poder, el museo promueve el arte como herramienta capaz de cuestionar discursos dominantes. Aguas Turbias de Inês Zenha encarna esta misión: una investigación sensorial y política sobre la vulnerabilidad y los fluidos del cuerpo que convierte la experiencia individual en conocimiento compartido y posibilidad de transformación cultural.

Aguas Turbias es la primera exposición individual institucional de la artista lisboeta en España. Comisariada por João Mourão y Luís Silva, dúo curatorial y co-directores de Kunsthalle Lissabon, la muestra se plantea desde una poética política, invitando a recorrer un paisaje subterráneo donde los sistemas corporales y cívicos se entrelazan. En este viaje, el agua, los fluidos y la arcilla funcionan como hilos narrativos de un yo en constante devenir, un cuerpo que se transforma, se expande y se desborda. Este devenir líquido (que evoca la modernidad líquida de Zygmunt Bauman, donde las estructuras sólidas se disuelven en flujos constantes) opera como marco conceptual y formal de un proyecto que explora las intersecciones entre el poder, la vulnerabilidad y la creación de nuevas ontologías para identidades marginales. Si Bauman señalaba la fragilidad de los vínculos en la era líquida, Zenha abraza esa liquidez como potencia transformadora: no la disolución como pérdida, sino como posibilidad de reinvención.

"Desentierro" (2025), Inês Zenha. Fotografía por Sue Ponce. Cortesía de la artista y Museo CA2M.

Inês Zenha juega con lo emergente, con esa zona ambigua donde los órganos sexuales y las plantas marinas se confunden, donde el deseo se vuelve coral y el cuerpo se abre al ecosistema. Como señalan sus comisarios, “la práctica de Inês Zenha se asienta en materiales táctiles, instalación, pintura, escultura y cerámica, desde los que explora la identidad queer, el deseo y la vulnerabilidad”. Su obra interroga las normas sociales arraigadas en estructuras heteropatriarcales, ofreciendo una reflexión poética y crítica sobre la fluidez y la resiliencia del cuerpo.

Retrato de Inês Zenha - Pelaires © Grimalt de Blanch. Cortesía de Museo CA2M.

Una gran instalación es el epicentro del proyecto, una instalación que evoca un baño en el que una tubería ha estallado y el agua brota, desbordando sus límites físicos. Partiendo de la violencia simbólica del baño como espacio históricamente cargado de tensión de género, ese dispositivo arquitectónico que Paul B. Preciado [2] identifica como tecnología biopolítica de control y segregación sexual, Zenha sacraliza ese lugar cotidiano: lo subterráneo se hace visible y el agua que emerge se convierte en metáfora de las emociones y los impulsos naturales que la sociedad ha intentado reprimir. Si Preciado señala el baño como frontera donde el Estado regula los cuerpos, Zenha lo revienta desde dentro, el deseo, la fluidez, las identidades que escapan a la categorización rígida, estalle y se desborde.

Esta línea de trabajo se presenta de forma dimensional a través de dos instalaciones murales inmersivas. Una pared cobra vida y parece transformarse ante nuestros ojos: el muro deja de ser soporte para convertirse en organismo. De él surge maleza de forma casi espontánea, esas pequeñas hierbas que crecen en las grietas del cemento.

Detalle de "Traspasar" (2023), Inês Zenha. Fotografía por Sue Ponce. Cortesía de la artista y Museo CA2M.
Vista de la exhibición en el Museo CA2M. Fotografía por Sue Ponce. Cortesía de la artista y Museo CA2M.

En otro espacio un mural se despliega en tonos verdes, pero es un verde intoxicado, ese verde nos advierte: el agua no es solo agua. Hay algo más en ese líquido que se desborda, algo que exige la reflexión sobre la importancia de la transición, de la unión, de lo que fluye entre categorías.

El trabajo de Zenha insiste en su presencia, construyendo un espacio de resistencia donde la contaminación se vuelve cuidado, la vulnerabilidad se vuelve fuerza y la marginalidad se vuelve un lugar de afirmación radical. Porque es en la comunidad, en ese cuerpo colectivo que también fluye y se desborda, donde reside el cambio, en la contaminación mutua, en el contagio de las aguas que se mezclan.

La invitación a la reflexión es imposible de evitar. Es global y holística, como lo es la propia obra: una obra cargada de vibración, tan necesaria como su propia fisicidad. Una obra que pesa y permanece, como debe hacerlo la unión colectiva, la que se materializa en el presente y construye el futuro. Agua turbia que arrastra, nutre y transforma. Agua que no busca la transparencia, sino la potencia de su propia opacidad.

NOTAS AL PIE

[1] Michel Foucault, “Verdad y poder”, en Microfísica del poder, (Madrid: La Piqueta, 1992). 

[2] Paul B. Preciado, Un apartamento en Urano: Crónicas del cruce (Barcelona: Anagrama, 2019),

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