a lo largo de la historia del arte la representación en retratos (y no necesariamente en el medio pictórico) de personajes poderosos ha otorgado a estos un aura de permanencia temporal inquebrantable. Sin embargo con el avance de la sociedad moderna, el arte se democratizó y cualquier persona comenzó a ser susceptible de ser retratada. Esto alteró los cauces de la historia del arte y detonó los roles sociales hasta llegar al arte contemporáneo. El ascenso imparable de la vida dentro del medio artístico y viceversa, dando comienzo a una interrelación mutua que se nutre día a día.

Fotografía por Dhikena. Título obra «Lo que se fija aumenta»

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La historia del arte ha reservado un nicho más que considerable a desarrollar el culto a la personalidad. A través del género retrato -que puede adoptar múltiples formas y espacios- se han establecido unos marcos que han dado pie a lo que el culto a la personalidad conlleva tras sí: la exaltación ególatra de determinados personajes por medio del arte. Sin embargo, esta cuestión no es un hecho novedoso; desde los albores de la humanidad la representación de los personajes poderosos ha dominado las tendencias artísticas occidentales. El hecho es simple, mayor poder por parte de las élites conlleva a mayor hegemonía de los medios artísticos. El arte es poder. 


No obstante, según avanzaba la sociedad hacia la modernidad todo cambió. Las representaciones artísticas dejaron de reflejar únicamente a los poderosos y el arte comenzó a democratizarse. El culto a la personalidad se popularizaba y cualquier persona era digna de ser retratada. Con esto, el anhelo de permanencia temporal cuasi eterna -en ocasiones asfixiante- que subyace bajo los retratos se expande como la pólvora y el éxtasis, el dolor y la angustia se introducen en las obras artísticas. A partir de entonces el arte ya no solo refleja lo regio, lo poderoso y lo inmutable, características impregnadas en las obras que retratan a personajes poderosos. La vida ha entrado, por fin, en el arte.   


Con esta transición, la esclavitud anterior da paso a la libertad de formas y movimientos, se recorren y descubren nuevos universos compositivos y artísticos. La democratización del culto a la personalidad no es un simple cambio de protagonistas de los trabajos artísticos sino que crea una necesaria y pertinente explosión en los roles establecidos y la atención se descentraliza. Esto se extiende y detona en el arte y la sociedad contemporáneos; máscaras, performatividad, actores genuinos. 


¿Cuál será el siguiente paso del arte?

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