Ana Mendieta en la Tate Modern

Conversamos con Elsa Collinson, parte del equipo curatorial de la gran retrospectiva de la artista cubana Ana Mendieta en la institución londinense.

La totémica práctica de Ana Mendieta (La Habana, Cuba, 1948- Greenwich Village, Nueva York, 1985) se inserta en el tuétano de un presente como el que actualmente compartimos. Visionaria y renombrada como ecofeminista, Mendieta acomete un acercamiento multidisciplinar -desde performances, archivo, esculturas, dibujos, Body Art, fotografía o Land Art- desde un cuerpo (el suyo) hacia unas formas de concebir la feminidad, la naturaleza, el género, el sexo y la espiritualidad, influida por su experiencia de exilio en Estados Unidos y por la cultura afrocubana, pero también por sus referentes. Una revisión monográfica de su obra se exhibe en la Tate Modern hasta el 17 de enero de 2027 y conversamos sobre esta y la obra de Ana Mendieta con Elsa Collinson, una de las curadoras de la muestra.

sirocomag: ¿Por qué crees que la obra de Ana Mendieta sigue siendo especialmente relevante en el arte contemporáneo actual?

Elsa Collinson: La obra de Mendieta ha sido una fuente de inspiración e interés para diversos círculos desde la década de 1970. Aunque desarrolló su trabajo en la naturaleza, también lo presentó de manera constante en galerías y universidades. En los últimos años, el interés y el conocimiento de su obra han crecido a escala internacional, especialmente porque las imágenes que produjo pueden relacionarse con debates actuales en torno al desplazamiento, los derechos de las mujeres, la ecología y la experimentación tecnológica. Nos entusiasma que, con esta exposición, podamos mostrar tanto algunas de sus obras más conocidas, como las imágenes de su serie Siluetas, como otras piezas únicas y poco habituales, entre ellas sus dibujos sobre hojas, que plantean ciertos retos técnicos debido a su fragilidad.

sirocomag: Tate mantiene una relación de largo recorrido con la obra de Mendieta, y el catálogo de la exposición señala que esta muestra era un proyecto que el equipo curatorial llevaba mucho tiempo queriendo realizar. ¿Por qué habéis considerado que este era el momento adecuado para presentar una retrospectiva tan amplia de su trayectoria artística?

Elsa Collinson: Tate mantiene una relación duradera con la obra de Ana Mendieta, habiendo adquirido la primera pieza de la artista en 2009. En 2020, incorporamos doce obras cinematográficas que consideramos una base sólida para construir un proyecto más ambicioso. Queríamos presentar una exposición que mostrara la amplitud y la fuerza experimental de la práctica de Mendieta, y comenzamos a planificarla seriamente en torno a 2022.

También intuíamos que la obra de Ana Mendieta podía entenderse de manera diferente hoy que en la década de 1990. Desde entonces, el mundo ha experimentado un cambio de paradigma fundamental —una creciente conciencia ecológica—, además de otras importantes transformaciones sociales. Sin duda, estas son algunas de las razones por las que la obra de Ana Mendieta, que opera en escalas temporales muy amplias, evocando en ocasiones el arte rupestre prehistórico y, al mismo tiempo, incorporando medios contemporáneos como la performance y el cine, resuena hoy con tanta fuerza.

Ana Mendieta, “Bird Run”, 1974. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York / DACS, 2026. Cortesía de Marian Goodman Gallery y Alison Jacques, Londres

sirocomag: ¿Qué nuevas perspectivas aporta esta exposición sobre la obra y la trayectoria artística de Ana Mendieta? En concreto, ¿qué nuevas lecturas o narrativas habéis querido destacar a través de la selección y presentación de las obras?

Elsa Collinson: Al encontrarnos en el Reino Unido, tan cerca de Europa, nos resultó especialmente interesante descubrir que Mendieta se trasladó a Italia en 1983, tras recibir el Prix de Rome (Premio Roma). Esta residencia de un año en la Academia Americana de Roma le ofreció acceso a un amplio estudio y un nuevo desafío: trasladar las «cualidades mágicas» que experimentaba al trabajar directamente con la naturaleza al espacio interior del estudio. Este periodo dio lugar a una intensa experimentación material. Mendieta introdujo madera, hojas y tierra en el estudio. Las formas que había investigado durante décadas adquirieron consistencia en esculturas de arena en bajorrelieve, formas totémicas de madera, dibujos y grabados.

Durante su estancia en Italia, Ana Mendieta también exploró numerosos enclaves antiguos y prehistóricos. Visitó la Villa Adriana en Tívoli, las ruinas de Pompeya y las necrópolis etruscas de Cerveteri. En aquellos años viajó a los templos neolíticos de Malta y a las tumbas de corredor prehistóricas de Newgrange, en el sur de Irlanda. Los intrincados grabados y las disposiciones rituales de piedra o madera que encontró en estos lugares contribuyeron a transformar su práctica. También afirmó que estar en Roma y, más ampliamente, en Italia, le hacía sentir que regresaba a sus raíces latinas.

Asimismo, hemos investigado su trabajo como profesora de arte en una escuela primaria y hemos contactado con varios artistas contemporáneos que formaban parte de su círculo de amistades en Nueva York. Juntos trabajaron para ampliar las oportunidades y los espacios destinados a artistas que históricamente habían sufrido discriminación por motivos de género, color de piel u origen nacional. Esta investigación ha influido en algunos aspectos de la exposición y también está presente en el libro que la acompaña.

Ana Mendieta, “Untitled (Guanaroca [First Woman])”, 1981. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York / DACS, 2026. Cortesía de Marian Goodman Gallery y Alison Jacques, Londres

sirocomag: La exposición pone especial énfasis en la profunda conexión de Mendieta con el mundo natural, y Tate describe su práctica como una anticipación del giro ecológico en el arte contemporáneo. ¿Cómo habéis abordado esta dimensión ecológica de su obra y qué nuevas formas de comprenderla crees que nos ofrece hoy?

Elsa Collinson: Al concebir la exposición, quisimos emplear los términos que la propia Mendieta utilizaba para definir su trabajo. Aunque no empleó el término «ecofeminismo», su investigación y cuidado de la naturaleza, así como sus referencias a la ecología en algunas conferencias, evidencian su compromiso. Mendieta no estaba vinculada a corrientes de pensamiento estadounidenses como el movimiento Land Art, pero tenía una visión muy clara de cómo deseaba que se interpretara su obra.

No obstante, toda exposición brinda al público la oportunidad de interpretar las obras desde una perspectiva contemporánea. La diferencia de enfoque entre un visitante de 1980 y uno de 2026 no es algo que debamos evitar; al contrario, demuestra la vigencia del legado de la artista. Mendieta sigue inspirando a artistas y admiradores del arte, más allá de las diversas lecturas e interpretaciones de su obra.

sirocomag: La práctica de Mendieta abarca una gran diversidad de temas, desde su conexión con la naturaleza y el ritual hasta obras que abordan el cuerpo, la violencia, la identidad, la migración y las construcciones sociales de la feminidad. ¿Cómo habéis abordado esta diversidad temática al estructurar la exposición y qué relaciones habéis querido establecer entre estos distintos registros?

Elsa Collinson: Las trayectorias artísticas rara vez son lineales. Al estudiar detenidamente la práctica de Mendieta, consideramos que lo más adecuado era organizar la exposición temáticamente, a partir de determinados espacios simbólicos que fueron cruciales para su forma de trabajar y a los que regresaba habitualmente, como las cuevas y los claros del bosque.

Ana Mendieta, “Untitled: Silueta Series”, 1976. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York / DACS, 2026. Cortesía de Marian Goodman Gallery y Alison Jacques, Londres

Esta decisión estuvo motivada, en parte, por la intuición de que dicha estructura permitiría resaltar la continuidad de algunos temas y motivos, y, en parte, por nuestro interés en una cita que encontramos. Mendieta afirmó que sus obras se inscribían «en la tradición de un artista neolítico». Esto nos hizo comprender que el tiempo profundo era un elemento central de su práctica y nos llevó a comenzar por el espacio de la «cueva», que en la exposición evoca tanto las cuevas reales de Jarucho, en Cuba, como, más allá de ellas, el espacio metafórico del útero: la tierra materna a la que Ana Mendieta se refería constantemente y que buscaba.

sirocomag: La exposición incluye una recreación de Untitled: Silueta Series (1978), concebida originalmente en la Universidad Estatal de Old Westbury. ¿Qué implicaciones tiene trasladar a un espacio museístico una obra creada en estrecha relación con un lugar específico y con materiales efímeros? ¿Cómo crees que influye esta decisión en nuestra comprensión contemporánea de la obra de Mendieta?

Elsa Collinson: Al decidir qué obras de Mendieta recrear en la Tate Modern, elegimos aquellas que fueron concebidas para ser expuestas ante un público en un contexto museístico. Tuvimos en cuenta que había otras piezas que nunca estuvieron destinadas a ser contempladas (por nadie), sino a ser experimentadas a través de su «documentación» o, como ella misma decía, a existir únicamente «desvaneciéndose en la naturaleza».

Untitled: Silueta Series es una recreación de una obra que Mendieta realizó para la Universidad Estatal de Nueva York (SUNY) en Old Westbury, en abril de 1978, por invitación del también artista Luis Camnitzer. Con la ayuda de un grupo de estudiantes, trasladó un bosque a escala real al espacio expositivo.

El Estate de la artista conservaba registros precisos de los materiales que Mendieta había utilizado y dirigió el proceso de recreación para que se mantuviera lo más fiel posible a las fotografías originales tomadas por la propia artista. En este caso, contamos con unas veinte o veinticinco fotografías de la instalación original como referencia. La obra se ha reinterpretado respetando el espíritu de su práctica artística y utilizando materiales naturales de procedencia local. Está construida con ramas, hojas, tierra, musgo y piedras recogidas en el entorno, especialmente gracias al apoyo y la colaboración de Kew Gardens, nuestro jardín botánico local, en consonancia con la ética de Mendieta y su compromiso con el cuidado de la naturaleza y la sostenibilidad.

Ana Mendieta, “Ñañigo Burial”, 1976. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York / DACS, 2026. Cortesía de Marian Goodman Gallery y Alison Jacques, Londres. Fotografía: Alex Yudzon

sirocomag: La exposición sitúa la práctica de Mendieta en diálogo tanto con las primeras manifestaciones gráficas de la prehistoria como con artistas de distintas generaciones. ¿Cómo entiendes hoy su posición en la historia del arte y qué impacto crees que ha tenido su obra en las generaciones posteriores de artistas?

Elsa Collinson: Activa entre 1972 y 1985, Ana Mendieta desarrolló una obra pionera que abarca la fotografía, el cine, el land art, el dibujo, la instalación y la performance. Su práctica cuestionó las nociones tradicionales de escultura, fotografía y cine.

Utilizando sus propios términos para describir su arte, es conocida principalmente por sus obras de «cuerpo-tierra» (earth-body), en las que delineaba su cuerpo en el paisaje mediante elementos naturales como la tierra, el fuego y las flores. Comenzó sus Silueta Series durante un viaje a México en 1973, donde encontró la inspiración para crear obras efímeras a tamaño natural que exploraban las nociones de existencia, resurgimiento y renovación. Quemó, talló y moldeó siluetas en distintos paisajes de América y Europa, a menudo regresando a lugares significativos para ella o vinculados a antiguas historias.

Durante su vida, su obra ejerció una gran influencia en Estados Unidos y Latinoamérica. Hoy sigue siendo una fuente fundamental de inspiración y referencia para múltiples generaciones de artistas contemporáneos de todo el mundo. Ocupa un lugar singular en el arte contemporáneo actual, en nuestro imaginario y más allá de él.

ANA MENDIETA AT TATE MODERN

Ana Mendieta (Havana, Cuba, 1948 – Greenwich Village, New York, 1985) created a totemic practice deeply embedded in the core of our present. A visionary artist widely recognized as an ecofeminist, Mendieta developed a multidisciplinary approach—encompassing performance, archival work, sculpture, drawing, Body Art, photography, and Land Art—through her own body. She explored different ways of conceiving femininity, nature, gender, sex, and spirituality. Her work was shaped by her experience of exile in the United States, Afro-Cuban culture, and her artistic influences. A monographic survey of her work is on view at Tate Modern until January 17, 2027. We spoke with Elsa Collinson, one of the exhibition’s curators, about the show and Ana Mendieta’s work.

sirocomag: Why do you believe Ana Mendieta’s work remains particularly relevant in contemporary art today?

Elsa Collinson: Mendieta’s artwork has been a source of inspiration and interest for various circles since the 1970s. She produced her work in nature but also consistently showed them in galleries and at universities. In recent years the interest and awareness of her work have globally grown, especially as the images she made can be connected to conversations today around displacement, women’s rights, ecology, and technological experimentation. We’re excited that with our exhibition we’ll be able to show both some of her best-known works, such as images from her Silueta series, and unique and rare works like her drawings on leaves, that do present certain technical challenges given their fragility.

sirocomag: Tate has a longstanding relationship with Mendieta’s work, and the exhibition catalogue describes this show as a long-held ambition of the curatorial team. What made this the opportune moment to present such a comprehensive survey of her practice?

Ana Mendieta, Bird Run, 1974. Vista de instalación, Tate Modern, 2026. Cortesía de Tate. Obra © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York. DACS 2026. Fotografía: Yili Liu. © Tate, 2026

Elsa Collinson: Tate has an enduring relationship with the work of Ana Mendieta, first acquiring a work by the artist in 2009. In 2020, we acquired 12 film works which seemed to us to be a solid foundation from which to build a more ambitious project. We wanted to present an exhibition that shows the breadth and experimental strength of Mendieta’s practice and began planning in earnest around 2022.

We also sensed that Ana Mendieta’s work might be understood differently today than it was in the 1990s. Since then, the world has undergone a fundamental paradigm shift—our growing ecological awareness—as well as other major societal changes. These are undoubtedly some of the reasons why Ana Mendieta’s work—which operates across vast timescales, at times evoking prehistoric cave art, while simultaneously embracing contemporary mediums like performance and film—resonates so powerfully today.

sirocomag: What new insights does this exhibition offer into Ana Mendieta’s work and artistic journey? Specifically, what new perspectives or narratives have you aimed to highlight through the selection and presentation of the works?

Elsa Collinson: Being based in the UK, and so close to Europe, it was of interest to us to learn that Mendieta relocated to Italy after being awarded the Prix de Rome (Rome Prize) in 1983. This was a one-year residency at the American Academy, and the opportunity gave her access to a large studio and a new challenge – to harness the ‘magic qualities’ she experienced working directly with nature, while working indoors. This became a period of rich material experimentation. Mendieta brought wood, leaves and earth into the studio. Forms she had studied for decades solidified into low-relief sand sculptures, totemic wooden forms, drawing and prints.

While in Italy, Ana Mendieta also explored many ancient and prehistoric sites. She visited Hadrian’s Villa in Tivoli, the ruins of Pompeii, and the Etruscan necropolises at Cerveteri. In those years, she travelled to the Neolithic temples of Malta and the prehistoric passage tombs of Newgrange in southern Ireland. The intricate carvings and ritualistic arrangements of stone or wood she saw in these sites contributed to this shift in her practice. She also said that being in Rome and in Italy more broadly, felt like a coming back to her Latin roots.

We’ve also conducted research on her work as an elementary school art teacher, and have been in touch with various artist peers who formed part of her community of friends in New York, and worked together to expand the opportunities and spaces for artists that had historically been discriminated against, whether because of gender, skin color, or national origin. This research informs elements of the show and features in the book accompanying it.

sirocomag: The exhibition brings together works from various media and periods of Mendieta’s practice, including early paintings, remastered films, and late sculptures. What was important to you in showcasing this breadth of her practice, extending beyond well-known works like the Silueta Series?

Ana Mendieta, La Jungla (Totem Grove), 1985. Vista de instalación, Tate Modern, 2026. Cortesía de Tate. Obra © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York. DACS 2026. Fotografía: Yili Liu. © Tate, 2026

Elsa Collinson: We’ve introduced a number of elements that haven’t been seen in the UK before, which, as you say, include Mendieta’s early paintings inspired by Pre-Colombian cultures and myth, several newly remastered films, and the restaging of her indoor installation first created at Old Westbury in 1978.

sirocomag: The exhibition particularly emphasizes Mendieta’s deep connection with the natural world, and Tate describes her practice as anticipating the ecological turn in contemporary art. How have you addressed this ecological dimension of her work, and what new understandings does it offer us today?

Elsa Collinson: When approaching the exhibition, we wanted to use terms that Mendieta herself used to define her work. While she did not use the term ‘ecofeminism’, she researched and cared for nature and spoke of ecology in some of her talks. She was not affiliated with American schools of thought, such as the Land Art movement, but she was quite clear about how she wanted to be defined.

However, with any exhibition, there is the potential for an audience to read the work with their contemporary eyes. The difference in perspective between a 1980 visitor and a 2026 visitor is not something to avoid – on the contrary, it proves the long-lasting legacy of the artist. She continues to inspire artists and art admirers, despite their different readings and understandings of her art.

sirocomag: Mendieta’s practice spans diverse themes, from her connection with nature and ritual to works that confront the body, violence, identity, migration, and social constructions of femininity. How did you approach this thematic diversity when structuring the exhibition, and what relationships did you aim to establish between these different registers?

Elsa Collinson: Artists’ trajectories are rarely linear. Looking at Mendieta’s practice closely, we thought it was fitting to arrange the show thematically using symbolic locations that were important to her way of working, and that she returned to regularly, for instance the cave, and forest groves. This was partially driven by the intuition that this structure would help foreground the consistency of some themes and motifs, and partially the result of our interest in a quote we found. Mendieta said that her works sit ‘in the tradition of a Neolithic artist.’ This made us realise that deep time was central to her practice, and prompted us to start with the space of the ‘cave,’ which in the exhibition evokes both the very real Jarucho caves, in Cuba, and, beyond, the metaphorical space of the womb – the motherland that Ana Mendieta constantly referred to and sought.

sirocomag: The exhibition features a re-staging of Untitled: Silueta Series (1978), originally created at the State University of Old Westbury. What are the implications of bringing a work conceived in close relationship with a specific site and ephemeral materials into a museum space for our contemporary understanding of Mendieta’s work?

Elsa Collinson: When it came to deciding which of Mendieta’s works we wanted to restage at Tate Modern, we chose those that had been first exhibited within a museum context for an audience, conscious that other works were never meant to be encountered by anyone, and rather intended to be experienced as ‘documentation’ or, as she said, existing only ‘eroding away in nature.’

Untitled: Silueta Series is a recreation of a work Mendieta made for the State University of New York College (at Old Westbury) in April 1978, at the invitation of fellow artist Luis Camnitzer. She transposed a life-sized forest within the exhibition space with the help of a group of students.

The Estate has kept clear records of the materials used by Mendieta herself and they led the process of the restaging to remain as close as possible to the original pictures taken by the artist. With this work, we had about 20–25 photographs of the original piece to work from, and it has been re-imagined in the spirit of the artist’s practice using locally sourced, natural materials. It is assembled with branches, leaves, soil, moss, and stones sourced locally, notably with the support and help of Kew Gardens, our local botanical garden, in line with Mendieta’s ethos and care for nature and sustainability.

sirocomag: The exhibition places Mendieta’s practice in dialogue with both prehistoric mark-making and artists from different generations. How do you understand her position in art history today, and what impact do you believe her practice has had on subsequent generations of artists?

Elsa Collinson: Active between 1972 and 1985, Ana Mendieta created a ground-breaking body of work across photography, film, earth work, drawing, installation and performance. Her practice challenged traditional notions of sculpture, photography and film. Using her own terms to describe her art, she is best known for her ‘earth-body’ works, outlining her body in the landscape with natural elements such as earth, fire and flowers.

She started her Silueta Series during a trip to Mexico in 1973, where she was inspired to make life-size ephemeral works exploring notions of existence, resurgence and renewal. She burnt, carved and moulded Siluetas into landscapes in regions across the Americas and Europe, often returning to sites meaningful to her or connected to ancient histories.

Influential in the US and Latin America during her lifetime, she remains an important point of inspiration and reference for multiple generations of contemporary artists across the globe. She holds a unique place in contemporary art today, in our imaginations and beyond.

Ana Mendieta. Vista de instalación, Tate Modern, 2026. Cortesía de Tate. Obra © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York. DACS 2026. Fotografía: Yili Liu. © Tate, 2026

Imagen cabecera: Ana Mendieta, “Untitled: Silueta Series”, 1977. © The Estate of Ana Mendieta Collection, LLC. Licenciada por Artists Rights Society (ARS), Nueva York / DACS, 2026. Cortesía de Marian Goodman Gallery y Alison Jacques, Londres

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