Ciudad de México
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Cholula, Puebla, méxico
Cholula, México
Ana Castella es gestora y curadora trabajando en la Ciudad de México. Es directora de Salón ACME y agente de la revista Artforum para América Latina, España y Portugal. Fundó y dirige un proyecto de cerámica colaborativa llamado Quema. Ha trabajado en galerías comerciales en México y Reino Unido y ha colaborado con las ferias latinoamericanas arteBA en Buenos Aires y ArtBO en Bogotá. Curó la exposición 𝘮𝘪𝘴𝘴 fotojapón con el artista colombiano Juan Pablo Echeverri en el MAHG en Léon, Guanajuato, 𝘙𝘦𝘵𝘳𝘢𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘢𝘳𝘵𝘪𝘴𝘵𝘢 / 𝘗𝘰𝘳𝘵𝘳𝘢𝘪𝘵 𝘰𝘧 𝘢𝘯 𝘈𝘳𝘵𝘪𝘴𝘵, muestra inaugural de la galería PEANA, así como Libélula Island de la artista chilena Jessica Briseño Cisneros, en Proyecto N.A.S.A.L.
Su trabajo curatorial se informa principalmente desde la hospitalidad, las prácticas del cuidado y la colaboración interdisciplinaria. Es graduada por la Universidad de las Artes en Londres Central Saint Martins, con una licenciatura en Arte, Diseño y Entorno.
Sobre por qué escogí a estos artistas
Los artistas seleccionados destacan por la solidez y la consistencia de sus prácticas, aun cuando muchas de ellas todavía no son plenamente visibles para el gran público. Se trata, en su mayoría, de artistas jóvenes y emergentes que se encuentran en un momento clave de desarrollo, y cuya presencia reiterada en distintas secciones de Salón ACME no es casualidad, sino resultado directo de la potencia de su trabajo.
Muchos de ellos participan, por coincidencia y por talento, en más de una sección de la feria, y consideré importante subrayarlo. Visibilizar estas trayectorias implica también asumir una responsabilidad curatorial: elevar prácticas que aún no ocupan un lugar central en el sistema, pero que ya están generando diálogo. Por eso era necesario explicarlo y hacerlo explícito.
Casos como el de Daniela Tinoco, quien participa tanto en el Estado Invitado Puebla como en la Convocatoria Abierta; Juni Aranda, artista muy joven de la Ciudad de México presente en la Convocatoria Abierta y en Proyectos Invitados; o Trilce Zúñiga, incluida en la Sección Bodega y también en la exposición Cosa Masa realizada por Salón ACME en Puebla con apoyo de BBVA, evidencian cómo ciertas prácticas atraviesan distintas plataformas del proyecto. A ello se suman artistas como Sebastián Hidalgo, cuya presencia en el Estado Invitado Puebla ha generado una atención notable, o Mariana Dussel, quien recientemente participó en una colectiva en el Museo Carrillo Gil.
Conversaciones vigentes en la práctica curatorial contemporánea
Las conversaciones más activas hoy en la curaduría están profundamente ligadas al contexto actual. Salón ACME es un buen lugar para observarlas, especialmente aquellas que evidencian el trabajo de los curadores y sus conversaciones con el mercado del arte, la producción artística y la proyección de futuro. En un momento de tensiones evidentes —con galerías cerrando o atravesando situaciones de fragilidad—, la curaduría aparece también como un espacio de refugio, de encuentro y de propuesta.
No se trata únicamente de atender problemáticas, sino de generar lugares donde sea posible pensar y compartir. Cada vez resulta más urgente pensar el trabajo artístico más allá de la autoría individual y atender las condiciones materiales, espaciales y afectivas en las que se produce. La precariedad no es solo local; es una realidad extendida que ha impulsado la búsqueda de modelos híbridos, colaborativos y sostenibles. Salón ACME siempre ha ido en esta dirección: funcionando durante más de diez años como un laboratorio para replantear modelos y crear plataformas que respondan a las necesidades de los artistas, y no únicamente a las lógicas del mercado.
Estas reflexiones conviven con un contexto global atravesado por guerras en tiempo real, desplazamientos migratorios —violentos y no violentos—, procesos de gentrificación y nuevas formas de explotación ligadas al turismo y a la economía urbana. Todo ello atraviesa inevitablemente las prácticas artísticas y curatoriales contemporáneas.
Una de las conversaciones más urgentes tiene que ver con el trabajo, la productividad y lo laboral: cómo estamos sujetos a un sistema que mide el valor en términos de ganancia, y cómo eso se traduce en explotación y autoexplotación. Frente a ello, considero que la conversación más importante en la curaduría contemporánea será el cuidado de las relaciones: el cuidado del artista, de los públicos y de todos los agentes que participan en el ecosistema del arte.
La curaduría es, en esencia, una práctica relacional. Tiene que ver con la hospitalidad, el gozo, el placer y la posibilidad de generar experiencias compartidas que no estén determinadas únicamente por la lógica productiva.
Diálogo entre España y América Latina (oportunidades y tensiones)
Desde mi perspectiva como curadora latinoamericana con base en Ciudad de México, el diálogo entre España y América Latina parte de un punto común: el lenguaje y una historia compartida atravesada por la colonización y un bagaje cultural complejo. Aun así, percibo una cierta distancia entre las escenas, pese a que existen representaciones interesantes, sobre todo en el ámbito de la gestión cultural, donde muchos proyectos han encontrado un espacio de trabajo a ambos lados del Atlántico.
Veo una oportunidad clara en profundizar estos intercambios para reforzar vínculos y replantear, de manera crítica, qué historia queremos contar como continente en relación con la península ibérica. Los lazos están cambiando, y es un buen momento para pensar nuevas narrativas.
En el caso de Salón ACME, este diálogo se materializa en la participación de figuras como Elena Solano, parte del consejo curatorial, así como Esther Merinero, Javier Temboury, Ángela Giménez y Simón Sepúlveda, artistas que viven en España, además de conversaciones generadas con Alonso Idul y el IBP.
Ejes curatoriales de la próxima edición de Salón ACME
Salón ACME es, al mismo tiempo, un salón de arte, una feria, una celebración y un evento profundamente curado. El corazón del proyecto sigue siendo la Convocatoria Abierta, a través de la cual se revisan alrededor de 1.600 aplicaciones para seleccionar aproximadamente 80 artistas. Este proceso permite observar, casi en tiempo real, las preocupaciones de las generaciones más jóvenes.
Entre los ejes que atraviesan la próxima edición destacan: la relación con la tierra y los recursos naturales, entendidos como entidades vivas; el trabajo, la productividad y los derechos laborales: qué consideramos trabajo productivo, manual o emocional; el desplazamiento territorial, abordado desde el turismo, el placer, la violencia y la gentrificación; un renovado interés por estudios científicos, culturas mesoamericanas y prehispánicas, y por prácticas enraizadas en la observación material y natural; reflexiones críticas sobre consumo y capitalismo tardío.
Estos ejes se articulan a través de las distintas secciones: Patio, Estado Invitado Puebla, Bodega, Sala Editorial y Proyectos Invitados, cada una con enfoques curatoriales específicos que van desde la explotación de la tierra y el despojo, hasta la nocturnidad, lo artesanal, lo textil y los modelos de producción circular, con apoyos como el del British Council.
Salón ACME como comunidad
Para Salón ACME, el arte va más allá de la transacción. Es una comunidad donde nos familiarizamos con el arte, perdemos el miedo a lo conceptual y compartimos experiencias. Es una semana de celebración, música, gastronomía, hospitalidad y gozo, especialmente para públicos jóvenes que se acercan al arte desde el disfrute y la curiosidad.
Nuestra misión sigue siendo clara: elevar a artistas que aún no cuentan con la visibilidad que merecen, y hacerlo desde un espacio donde el arte se vive, se comparte y se celebra.