El Guggenheim Bilbao Museoa recoge el legado de la escultora Ruth Asawa (Norwalk, California, EE. UU., 1926–San Francisco, California, EE. UU., 2013) a partir de la muestra monográfica Ruth Asawa: Retrospectiva, que recorre seis décadas de la trayectoria artística de la creadora nipo-estadounidense.
Asawa, que se formó en el célebre Black Mountain College (BMC) de Carolina del Norte (donde estudiaron figuras fundamentales del arte moderno como Robert Rauschenberg, Cy Twombly, Kenneth Noland, John Chamberlain, Susan Weil o Ray Johnson), supo desarrollar un enfoque experimental basado en una hibridación cultural que conjugaba artesanía y lenguaje contemporáneo, aunando el formalismo moderno con una delicadeza construida a partir de la repetición y un lenguaje fuertemente personal.
La exposición monográfica, que reúne fotografías y material de archivo, pinturas, dibujos, grabados y sus célebres esculturas, da cuenta de la aspiración de Asawa por hacer dialogar naturaleza, entorno y diseño a partir de materiales como el alambre, como muestran sus obras más conocidas por el gran público. Asimismo, la exhibición va desgranando el ideal humanista del que se nutría Asawa, quien defendía activamente “el papel del arte en la sociedad”, algo que se refleja en “los cargos que ocupó en la Comisión de las Artes de San Francisco, el Consejo de las Artes de California y el Fondo Nacional para las Artes”, en paralelo a su propia trayectoria artística. En estas labores, Asawa pretendía reforzar la dimensión sociocomunitaria del arte, concibiendo proyectos de arte público —en ocasiones colaborativos— como las esculturas Andrea (1968), la Fuente de San Francisco (1973) o el Jardín del Recuerdo (2000–02), todos en San Francisco.
A lo largo de esta muestra —curada por Janet Bishop, Cara Manes y en colaboración con Geaninne Gutiérrez-Guimarães— vemos la trayectoria de una figura emblemática que trasciende los estilos hegemónicos que delimitan las categorías de abstracción y representación para apoyarse en conceptos más sensoriales, como vemos en sus primeras obras, cuya fuente de inspiración eran las “formas naturales y patrones matemáticos”. A ello se suma una etapa decisiva a finales de la década de 1940, cuando en un viaje a México “descubrió las cestas de alambre”. En sus propias palabras: “Seguí trabajando en una cesta hasta darle una forma cerrada y, poco a poco, mientras aprendía a controlar la técnica y el material, empecé a darme cuenta del emocionante potencial de esta manera de hacer escultura”.
El legado de Ruth Asawa supone una vuelta a los orígenes, a la naturaleza, a las formas simbióticas y a la delicadeza de la artesanía, combinadas con un lenguaje contemporáneo que sugiere simultáneamente liviandad y estabilidad en una época sociohistórica de grandes cambios. La muestra podrá visitarse en el Guggenheim Bilbao hasta el próximo 13 de septiembre.
Imagen cabecera: La sala de estar de la casa de Ruth Asawa en Noe Valley, San Francisco, 1969. Fotografía de Rondal Partridge; foto © 2026 Rondal Partridge Archives/ Obra © 2026 Ruth Asawa Lanier, Inc., Cortesía David Zwirner y Guggenheim Bilbao