Princesa, Lágrima en el Fuego y De rerum natura: punta de lanza emergente en territorio asturiano

De la exhibición instalativo-escultórica de Aida Valdés en ATM Galería a la muestra colectiva de LABoral Centro de Arte y Creación Industrial.

Como punta de lanza, la convergencia entre tecnología y tradición redefine el equilibrio que proyecta el arte emergente del territorio asturiano. Hacia la vanguardia no como imitación de tendencias externas, sino como afirmación de una identidad híbrida, arraigada y situada, donde lo tecnológico, lo tradicional y la reminiscencia industrial se entrelazan para generar nuevas formas, con especial atención a la muestra del propio proceso de construcción.

Montaje expositivo de "Princesa", de Aida Valdés en ATM Galería. Fotografía por Pelayo Tamargo, cortesía de la galería

En este marco, la galería ATM (Gijón) articula su programación a partir de proyectos que se desarrollan en el tiempo, incorporando procesos de acompañamiento que inciden directamente en la configuración final de las obras cuando llegan al espacio expositivo. Bajo la dirección de Diego Suárez Noriega, la galería ha consolidado una línea que combina artistas de distintos contextos y trayectorias, reforzando una continuidad de programación que conecta la producción local con circuitos internacionales sin separar ambas escalas. En este contexto, ATM presenta Princesa de Aida Valdés (Gijón, 2000), exhibición que se puede visitar hasta el 21 de abril.

Montaje expositivo de "Princesa", de Aida Valdés en ATM Galería. Fotografía por Pelayo Tamargo, cortesía de la galería

Princesa desactiva una de las inercias más persistentes de la escultura contemporánea: la ilusión de singularidad formal. Aquí no hay voluntad de producir “formas nuevas” en un sentido reconocible, sino de intervenir en el lugar donde la escultura realmente se decide: la unión. Si todas las esculturas se parecen, es porque comparten una gramática estabilizada; Valdés no la niega, la somete a presión desde dentro. La exposición no se construye como un conjunto de objetos, sino como un sistema de ensamblajes, potenciados por el espacio que abarcan, donde cada pieza pone en crisis su propia coherencia. La diferencia se juega en la articulación material: cómo se sostienen los elementos, qué tipo de contacto establecen, cuánto margen de fallo admite la estructura. La soldadura expone la forma como resultado de un ajuste precario, de una negociación que no termina de resolverse.

"...de habérmelo pedido", 2026, Aida Valdés, en el montaje expositivo de "Princesa" de ATM Galería. Fotografía por Pelayo Tamargo, cortesía de la galería

El desplazamiento de los materiales es igualmente preciso. No hay aquí una estetización del objeto encontrado ni una nostalgia de lo residual. Los elementos que utiliza —industriales, domésticos, afectivos— no son “resignificados”; se les retira su función sin ofrecerles una nueva identidad simbólica clara. Quedan en un estado de latencia, como unidades disponibles para ser rearticuladas. Princesa no es un conjunto de obras abiertas a interpretación libre, sino un campo de operaciones delimitado con precisión: no busca producir sentido, sino tensionar los mecanismos que lo fijan. Y en ese gesto, desplaza la escultura de su zona de confort, no como objeto autónomo ni como imagen expandida, sino como problema concreto de articulación material que no admite cierre.

Montaje expositivo de "Princesa", de Aida Valdés en ATM Galería. Fotografía por Pelayo Tamargo, cortesía de la galería

Otro ejemplo de esta representación emergente en el contexto asturiano es la muestra Lágrima en el fuego de Alba Matilla (Avilés, 1998), comisariada por Cristina Ramos, una exposición que desplaza el foco hacia la producción de imagen en entornos híbridos donde lo digital y lo material operan de forma simultánea. En 2024, la artista fue galardonada con el Premio Asturias Joven de Artes Plásticas, reconocimiento del que surge esta, su última exposición individual, presentada en la nueva Sala Borrón (Oviedo) hasta el 17 de abril.

Montaje expositivo de "Lágrima en el fuego", de Alba Matilla en Sala Borrón. Fotografía cortesía de la artista

De carácter marcadamente multidisciplinar, la práctica de Matilla se articula en la muestra a través de la construcción de un paisaje que integra modelado 3D, vídeo, pintura, textil y sistemas interactivos, configurando un territorio atravesado por la memoria industrial y por las mutaciones de la pintura en la era tecnológica. En este marco, la artista aborda nociones como la ruina, la nube digital y la relación entre espacio material y virtual. En este proceso, no solo ocupa el espacio, sino que establece un umbral preciso en la activación e interacción del espectador con la obra.

El conjunto de la exposición organiza distintos modos de producción de imagen que comparten un mismo origen y se desarrollan mediante procedimientos diferenciados, manteniendo la autonomía de cada uno dentro del espacio expositivo. Destaca, además, el trabajo sonoro desarrollado junto al grupo Lofácil, que incorpora registros vinculados a la memoria industrial y a infraestructuras mineras como las locomotoras de vapor. El sonido funciona como extensión del proceso de construcción del paisaje, introduciendo una capa adicional de activación en la muestra. La pintura detiene el flujo digital, fijando fragmentos de esos entornos en un soporte estable donde la imagen adquiere densidad material, mientras que el trabajo textil traslada geometrías del modelado 3D a estructuras físicas, exponiendo los códigos técnicos sin neutralizarlos.

Montaje expositivo de "Lágrima en el fuego", de Alba Matilla en Sala Borrón. Fotografía cortesía de la artista

La exposición activa estos lenguajes en fricción y sitúa la imagen de paisaje contemporáneo como un proceso en curso, atravesado por sistemas técnicos, memorias materiales y estructuras de producción que permanecen operativas. Desde ahí, el trabajo se sostiene en la articulación entre medios, donde cada elemento ajusta su posición dentro de un sistema común y el paisaje se configura como el resultado de esas relaciones.

"Zona de penumbra", 2026, Javier Bejarano para "De rerum natura" en LABoral Centro de Arte. Fotografía cortesía del centro

El apoyo institucional en este contexto destaca la labor de LABoral Centro de Arte (Gijón), que lleva desarrollando residencias artísticas y la muestra de sus resultados desde hace casi una década. Tras el giro de rumbo del centro y la consolidación de su nueva programación, bajo la dirección de Semíramis González, la exposición De rerum natura deja ver nuevas formas de impulsar y mostrar el circuito emergente, donde la naturaleza se convierte en eje de exploración y cuestionamiento. La muestra reúne el trabajo de seis artistas —Javier Bejarano (Madrid, 1980), Paula Blanco (Oviedo, 1996), Covadonga Casado (Oviedo, 1994), Maï Diallo (Santa Cruz de Tenerife, 1999), Covadonga Pérez (Gijón, 2001) y Pelayo Tamargo (Gijón, 1997)— que, desde distintas técnicas y lenguajes, encuentran en la observación e inmersión en lo natural el aliciente de su producción. Comisariada por La Rectoral (Sara Moro y Ricardo Villoria), se puede visitar hasta el 12 de septiembre.

"HUB75", 2025, Pelayo Tamargo para "De rerum natura" en LABoral Centro de Arte. Fotografía cortesía del centro

La muestra comienza con Covadonga Pérez, cuya obra textil (Tierrina, Vibraciones sonoras) convierte el paisaje asturiano en experiencia táctil y sonora. Sus instalaciones, fusionando fibras y tecnología, permiten que el público active la obra, generando relaciones entre tacto y sonido. A continuación, Javier Bejarano introduce un espacio liminal con Zona de penumbra, una instalación sonora y audiovisual donde la transición crepuscular entre luz y sombra crea un territorio inquietante y contemplativo. Paula Blanco, con La solidez de una nube y El diente del nenúfar, investiga la unidad subyacente de la naturaleza mediante velos translúcidos y estructuras que sugieren seres híbridos. Su trabajo aporta lirismo y delicadeza cromática, conectando la observación botánica con un lenguaje pictórico y material que dialoga con lo orgánico. Maï Diallo presenta Intermatriz y Descorpórea, esculturas híbridas entre lo orgánico y lo artificial que emergen entre lo embrionario y lo ancestral. Covadonga Casado, con C. 3-1, centra la atención en la esencia: rostro, manos y atributos aislados remiten a tiempos ancestrales y a la fuerza elemental de la materia. La exposición concluye con Pelayo Tamargo, cuyo proyecto HUB75 despliega una instalación donde ensaya el límite entre pintura y tecnología digital, revelando la estructura tecnológica que sostiene la obra y ampliando la narrativa pictórica sin desplazar el pulso sensorial y orgánico que sostiene la muestra.

Obras de Paula Blanco para "De rerum natura" en LABoral Centro de Arte. Fotografía cortesía del centro

Fotografía cabecera: Montaje expositivo de “Princesa”, de Aida Valdés en ATM Galería. Fotografía por Pelayo Tamargo, cortesía de la galería

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