Dos figuras —una masculina y otra femenina— se sitúan de pie, protagonizando la escena. El personaje femenino porta una corona de laurel que irradia una intensa luz y un vestido que deja al descubierto su pecho. A su derecha, el personaje masculino —de cabellos y barba largos— sostiene una azada mientras mira con atención el árbol con fruta que aparece en la esquina superior derecha. El marco se completa con una cesta de mimbre y una oveja. Se trata de una estampa perteneciente a los denominados caprichos enfáticos de la célebre serie goyesca Los desastres de la guerra, firmada entre 1810 y 1815. Francisco de Goya, el genio zaragozano, visionario y de talento insondable, decide culminar esta obra transitando de la negatividad de Fiero monstruo! a la esperanza de Esto es lo verdadero, donde supera su pesimismo existencial al mostrar que “la Paz y el Trabajo (…) engendran la abundancia (…) son lo verdadero”.
Una escena esperanzadora y luminosa que contrasta con el hastiado grabado nº 1, Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer. Este poso teórico-conceptual es precisamente del que se sirve el curador Adonay Bermúdez en Esto es lo verdadero, en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), tomando como referencia la estampa nº 82 y dialogando con la obra goyesca, imborrable por lo cruento, lo sanguinario y la exposición de la sociedad ante el desastre bélico, pero partiendo, precisamente, de esa estampa esperanzadora creada hace dos siglos.
En esta exposición multidisciplinar —de la fotografía a la videoperformance, pasando por la instalación y la escultura—, los once artistas nacionales e internacionales —Tania Candiani, Alejandro de la Guerra, Regina José Galindo, Patrick Hamilton, Abel Jaramillo, Voluspa Jarpa, Teresa Margolles, Nuno Nunes-Ferreira, Lotty Rosenfeld, Acaymo S. Cuesta y Avelino Sala— que conforman el elenco expositivo encarnan un presente utópico, evocando hechos pretéritos con los que proponer posibles respuestas al hecho violento.
En un momento sociohistórico de violento belicismo, de miradas políticas intangibles, exilios forzados, hambre y muerte, el curador de la exhibición pretende, a partir de este homenaje a la estampa goyesca, poner el foco en la relectura de estos conflictos mediante una propuesta artística que propone una mirada fractal sobre la temática. Tal y como Bermúdez expone en el texto curatorial, el afán del artista zaragozano era “centrarse en las víctimas, algo bastante inusual en la iconografía bélica”, remitiendo a la crítica y pensadora que, con especial penetración, ha reflexionado sobre el dolor y su representación visual: Susan Sontag. En un conflicto bélico —extendido a lo largo y ancho del globo— el dolor y la injusticia ya no pueden quedar opacados (o no deberían): en un contexto contemporáneo donde el vencedor ya no es asumido como un héroe, y donde buena parte de la sociedad ya no entiende la guerra como en los tiempos imperialistas del siglo XVIII, los artistas de la muestra reflexionan sobre estas cuestiones proponiendo realidades alternativas.
La videoperformance de Voluspa Jarpa (Rancagua, 1971), Ópera emancipadora (2019); las propuestas de Tania Candiani (Ciudad de México, 1971), La marcha (2025) y Frases de la protesta (2024); el trabajo de Abel Jaramillo (Badajoz, 1993), Bailes regionales (2016); Conspiraciones II (2017); la pieza de Teresa Margolles (Culiacán, 1963), Para que aprendan a respetar (2006-2024); o la videoperformance de Regina José Galindo (Guatemala, 1974), ¿Quién puede borrar las huellas? (2003), forman parte de la muestra en un contexto institucional de gran simbolismo[1] y bajo una curaduría coherente e imbricada que sentencia una idea: la esperanza debe residir.
NOTAS AL PIE
[1] El propio museo era la antigua Prisión Preventiva y Correccional, construida durante la posguerra española.
“Ópera emancipadora”, 2019, Voluspa Jarpa. Videoperformance. Cortesía del Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo