Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso, 1959
El recorrido de una procesión siempre se conoce de antemano. Caminar entre dos distancias –un inicio y un fin– tiene, necesariamente, unas condiciones asociadas al trayecto. Las personas implicadas deben conocer la ruta, el punto de partida, la dirección, si el terreno es escarpado, si hay baches, desniveles profundos. Sin embargo, pese a lo que pueda parecer, el único objetivo es trascender el camino. El peregrinaje –que no es sino una forma de procesionar– se entiende así como una forma de concebir el movimiento: observar recovecos, senderos, huecos, grietas en el espacio-tiempo.
El movimiento es inherente al ser humano, en su parte individual, pero también en su constructo social. Las procesiones, como el fluir del agua, se conciben como un viaje hacia delante, un rumor incesante recogido bajo el paraguas conceptual del flâneur baudeleriano del siglo XIX. Artistas como Francis Alÿs (Amberes, 1943), quien ha vivido en México durante más de cuatro décadas, beben de esta fuente: el paseo es una constante, decía en 2019 en la inauguración de A pie desde el estudio, una muestra retrospectiva que recogía sus obras desde la década de los ochenta.
En esta antología de su práctica vemos como el paseo se convierte en el proceso creativo de su propia práctica artística. En sus proyectos (algunos de los cuales formaron parte de la mencionada exhibición del Museu d’Art Contemporani de Barcelona) vemos como el Alÿs urbanista –arquitecto de formación– recorre lugares con un marcado propósito: el transitar. Alÿs se mueve en un estado intermedio entre la adultez y la niñez, embebido en una cándida curiosidad que reverbera en muchas
de piezas como Fairy Tales (1995), Study for Railings (1998), Songs of Lupita (1998) o Children’s Games (1999-presente).
En los albores de los 2000, Alÿs evidencia en The Modern Procession una línea que trabajarían (tomando ventaja de esto) instituciones museísticas de todo el mundo décadas más tarde: el arte se ha convertido en el nuevo politeísmo religioso. Una deidad polifacética que provoca grandes movimientos en masa, peregrinaciones y hasta suspiros ahogados. En un sentido emancipador, Alÿs crea obras conceptuales independientes, serpenteantes, que se recrean y que adquieren nuevos matices cuando el tiempo transita por ellas como Cuando la fe mueve montañas (When Faith Moves Mountains) (2002) o Paradoja de la praxis I (Sometimes making something leads to nothing) (1997).
A partir del deje multidisciplinar de todos sus proyectos, entendemos la pasión que enciende su motivación: caminar, empujar, arrastrar, proponer una nueva mirada. La práctica de Alÿs se mueve en un fértil y sinuoso terreno pendular, vertebrado por acciones outsiders y site specific que entretejen las inefables costuras del arte contemporáneo y su(s) contexto(s). Una llamarada que converge con la fervorosa y milenaria peregrinación de las doncellas vírgenes que, se dice, formaba el séquito de la santa Úrsula medieval, dando pie a la legendaria historia: caminar por caminar, apostando una fe ciega en el puro proceso.
En su mismo periplo vital-artístico vemos la idea de tránsito y desplazamiento: de Amberes a México, pero de México a Ciudad Juárez, Tánger, Londres, Bamiyan, Hong Kong, Amman, Nueva York, Irak o Egipto; son algunos de los lugares donde el creador ha podido desarrollar sus obras. La figura de Francis Alÿs inspira una idea del antiguo artista, canal, visionario, asentado en un lugar situado fuera del hálito egoico, donde el hacedor desaparece para encarnar su ideario y sus creencias: una sociedad viva, pero adolecida de traumas y dolores severos, que a veces necesita un modo más simple de ver la realidad. Este hecho, que revela una poética efervescente pero tácita, está presente en obras de Alÿs, en sintonía con los textos del guatemalteco Augusto Monterroso o el film The Bread and Alley (1970) del cineasta iraní Abbas Kiarostami, esta última considerada como la madre de todas sus películas, donde vemos la acción como protagonista, reducida a su mínima expresión. Una acción polifónica, efímera, que desplaza (y rehúye) conscientemente la teatralidad para condensarse en el simple y noble acto de observar.
Francis Alÿs nos relata una fábula ancestral, que narra la vida como una oda al movimiento y al desplazamiento. En un momento en el que los exilios forzosos cobran fuerza día a día, la poesía del movimiento se ve desgajada de su sino natural: la observación, el descubrimiento, el mirar a través de unos ojos detenidos. Un bloque de hielo que se deshace, un hilo deshilachado que debemos seguir, un perro imantado, un grupo de gente que desplaza la montaña, unas obras de arte que ocupan el lugar de vírgenes y deidades adoradas, un juego de espejos que intuimos; ocupando un sitio donde vemos la pureza de una práctica viva y vibrante, que se entrecruza con la vida misma, haciéndonos mirar de dentro a fuera y viceversa, con la simpleza y potencia que otorga el silencio del caminante. Porque, tal y como diría el poeta y filósofo Antonio Machado hace ya más de un siglo: Caminante/ son tus huellas/ el camino y nada más; caminante no hay camino, se hace camino al andar.
NOTAS AL PIE
[1] En Francis Alÿs: Ricochets (2024) de Florence Ostende.
[2] En Francis Alÿs: Ricochets (2024) de Florence Ostende.
[3] A veces como protagonista de la acción –(Fairy Tales (1995) o Paradoja de la praxis I (Sometimes making something leads to nothing) (1997)– y otras como elemento secundario, como vemos a partir de Children’s Games (1999-presente).
ENGLISH VERSION
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso, 1959
The route of a procession is always predetermined. Walking between two points—a starting point and an endpoint—entails specific conditions related to the journey. Participants must be aware of the route, the starting point, the direction, and the terrain. However, despite appearances, the ultimate goal is to transcend the path itself. A pilgrimage, which is essentially a type of procession, is understood as a means of conceptualizing movement and integrating oneself within it.
Movement is intrinsic to human beings, both individually and socially. Processions, much like the flow of water, are envisioned as an unending journey, a cryptic and mythical echo inspired by the conceptual current of Baudelaire’s 19th-century flâneur. Artists such as Francis Alÿs (b. Antwerp, 1943), who has lived in Mexico for over four decades, draw from this wellspring: “walking is a constant,” he stated in 2019 during the opening of A pie desde el estudio (On Foot from the Studio), a retrospective of his work since the 1980s.
This anthology showcases how walking serves as the creative foundation of his artistic practice. In his projects—some featured in the aforementioned exhibition at the Museu d’Art Contemporani in Barcelona—Alÿs, trained as an architect, navigates spaces with a singular purpose: to walk. Alÿs operates in a liminal space between adulthood and childhood, infused with a candid curiosity that resonates in many of his works, including Fairy Tales (1995), Study for Railings (1998), Songs of Lupita (1998), and Children’s Games (1999-present).
At the dawn of the 2000s, Alÿs articulated in The Modern Procession a concept that museum institutions around the world would explore decades later: art has become the new representative of religious polytheism—a multifaceted deity that incites pilgrimages, large-scale movements, and even suppressed sighs. In an emancipatory sense, Alÿs creates independent, meandering conceptual works that evolve and gain new meanings as time unfolds, such as When Faith Moves Mountains (2002) and Paradox of Praxis I (Sometimes making something leads to nothing) (1997).
Based on the multidisciplinary nature of all his projects, we can grasp the passion that fuels his motivation: walking, pushing, dragging, and proposing a new perspective. Alÿs’ practice operates in a fertile, sinuous terrain akin to a pendulum, structured by outsider and site-specific actions that intertwine the ineffable seams of contemporary art and its contexts. This endeavor resonates with the fervent, millennial pilgrimage of the virgin maidens said to have accompanied the medieval Saint Ursula, giving rise to the legendary tale of walking for the sake of walking, upholding blind faith.
In his artistic and personal journey, we observe the themes of transit and displacement: from Antwerp to Mexico; from Mexico to Ciudad Juárez, Tangier, London, Bamiyan, Hong Kong, Amman, New York, Iraq, and Egypt. Francis Alÿs embodies the spirit of the ancient artist—a channel and visionary, notably devoid of ego. In this space, the creator disappears to embody his ideas and beliefs, portraying a society that is alive yet grappling with profound trauma and pain, which sometimes requires a simpler lens to view reality. This dynamic reveals an effervescent yet tacit poetics in Alÿs’s landmark works, sharing deep affinities with writings of Guatemalan author Augusto Monterroso or the film The Bread and Alley (1970) by Iranian filmmaker Abbas Kiarostami—considered the mother of all his films—where action becomes the protagonist, distilled to its essence. It presents a polyphonic, ephemeral action that consciously displaces (and shuns) theatricality, condensing into the simple and noble act of observing.
Francis Alÿs narrates an ancient fable that portrays life as an ode to displacement. In an era when forced exile is increasingly common, the poetry of movement is torn from its natural destiny: observation, discovery, and gazing through eyes that have come to a standstill. It manifests as a melting block of ice, a frayed thread to follow, a magnetized dog, a group of people moving a mountain, artworks replacing virgins and deities, and a game of mirrors we perceive; witnessing the existential purity of a vibrant practice that intersects with everyday life, viewing from the inside out and vice versa, embodying the essentiality and power bestowed by the silence of the walker. As the poet and philosopher Antonio Machado expressed over a century ago: Caminante/ son tus huellas/ el camino y nada más; caminante no hay camino, se hace camino al andar.
FOOTNOTES
[1] In Francis Alÿs: Ricochets (2024) by Florence Ostende.
[2] In Francis Alÿs: Ricochets (2024) by Florence Ostende.
[3] Sometimes as the protagonist of the action—Fairy Tales (1995) or Paradoja de la praxis I (Sometimes making something leads to nothing) (1997)—and other times as a secondary element, as we see in Children’s Games (1999-present).