La poética de una práctica artística excede cualquier característica o adjetivo referido a lo puramente bello para llevarnos a otros mundos. Una poética donde se enzarzan compromiso, verdad, independencia, minimalismo, conceptualismo y ademanes filosóficos cercanos a Antonin Artaud o Julia Kristeva (como la definió la crítica y autora Delia Blanco), además de un profundo sentido de la ironía y de la experimentación como motores, que encuentran su aposento en la figura de la artista dominicocubana Quisqueya Henríquez.
A este respecto, la Fundación Alberto Cruz, en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid y el Centro Arte Complutense (C arte C), presenta El centro puede estar en todas partes, la exposición monográfica más extensa en Europa dedicada a la creadora Quisqueya Henríquez (La Habana, 1966 – Santo Domingo, 2024), que cuenta con el acompañamiento del Estate Quisqueya Henríquez y que se podrá visitar hasta el próximo 26.04.26.
Curada por René Morales, junto a Isabella Lenzi y Alfonsina Martínez, la exhibición reúne un amplio conjunto de obras realizadas a lo largo de la trayectoria de Henríquez desde sus inicios, abarcando distintos medios y lenguajes, como la instalación, el videoarte, el collage, el fotoconceptualismo, la escultura a modo de objet trouvé, la pintura abstracta, la acción o los “proyectos efímeros y participativos”, que dejan un papel fundamental en el público receptor.
El título de la exposición —El centro puede estar en todas partes— remite tanto a una idea de descentralización cultural como al territorio vital y simbólico desde el que la artista desarrolló gran parte de su práctica. Aunque nacida en La Habana, Henríquez residió durante décadas en la República Dominicana, donde estableció su lugar de trabajo y reflexión hasta su fallecimiento en 2024. Su desaparición tuvo un fuerte impacto en la escena artística internacional, especialmente en el Caribe, región en la que su obra y su figura ocuparon un lugar capital.
A lo largo de su trayectoria, Henríquez abordó cuestiones enraizadas en la identidad, la cultura visual, la insularidad o la circulación de imágenes desde una perspectiva crítica y netamente transversal. Su práctica, de carácter intradisciplinar, se caracteriza por el cruce entre referencias del arte occidental, lenguajes populares y experiencias cotidianas, así como por una aproximación irónico-lúcida a los imaginarios identitarios asociados al Caribe, que se distorsionan continuamente desde la mirada occidental. Estos ejes atraviesan el recorrido expositivo, que propone una lectura amplia y matérica de su legado artístico, con un eje museográfico que se divide en cinco grandes secciones: “la ciudad como espacio de fricción y representación, la revisión crítica de la historia del arte occidental, los modos de producción y circulación de imágenes y mercancías, las particularidades del contexto insular, la hibridez cultural o los estereotipos asociados a lo caribeño”.
La exposición se acompaña de un programa de actividades públicas y educativas, que incluye acciones performativas, visitas guiadas y propuestas de mediación, paralelas a la hermenéutica de la obra de la propia Henríquez. Con este proyecto, la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Alberto Cruz refuerzan su colaboración institucional y su compromiso con iniciativas culturales de interés público, orientadas a generar un diálogo constante y vital entre el ámbito académico, la creación contemporánea y la sociedad que lo sustenta, además de tender un “puente cultural entre América Latina, el Caribe y Europa”.