Leticia Martínez: «Reclamo la noción de «lo monstruoso» no como un castigo, sino como una herramienta de emancipación y poder plástico.»

Conversamos con la artista aragonesa afincada en Francia, con pretexto de su última exposición institucional en el Espacio Cultural La Ermita.

La práctica artística de Leticia Martínez Pérez (Zaragoza, 1984) se mueve en un vaivén que hace danzar, entre otras conceptualidades, el onirismo, lo burlesco, lo monstruoso, lo tradicional y la subversión, buscando otras formas de encarnar la realidad. Residente en la Casa de Velázquez en 2019-2020 y parte de Inéditos 2026 en La Casa Encendida, presentó recientemente La Ninfa, la Crisálida, el Anzuelo, comisariada por Victoria Ríos en La Ermita de Arándiga, donde se exploraban cuestiones fundamentales en su obra, relacionadas con la hibridez, la identidad y el mito. Con el cuerpo en el centro de su práctica y los límites escultóricos desdibujados, hablamos con la artista zaragozana —afincada en Francia— de códigos, influencias, referentes y de cómo cambia la percepción de su trabajo entre Francia y España.

sirocomag: ¿Qué códigos rigen tu práctica artística?

Leticia Martínez: En mi práctica artística juego con los códigos, ya sean visuales, conceptuales o poéticos. Conjugar opuestos me permite crear una tensión constante en mis obras. Intento borrar los límites de lo que se considera alta o baja cultura bebiendo tanto de la historia del arte como del folclore o de la cultura pop. Así, puedo divertirme con la dualidad haciendo coexistir, por ejemplo, la recarga orgánica del Barroco con la síntesis del lenguaje gráfico o conjugar lo cute con lo punk.

Todo esto me permite crear un universo donde lo onírico y lo burlesco son vehículos deliberados para fisurar y cuestionar la realidad. Mi trabajo opera desde la sugestión y la poesía crítica; no siempre siento la necesidad de ser frontal, pero sí un poco gamberra. Exploro los códigos de la feminidad retorciéndolos, potenciando la opulencia, la voluptuosidad y la monstruosidad. Es como si mi estética permitiera que Blancanieves o María Antonieta hubieran hecho realmente lo que les diera la gana.

Desde la perspectiva del arte contemporáneo, entiendo la producción como un mundo de posibles donde la obra funciona como una prolongación de mi mundo interior, convirtiéndose en la extensión física y conceptual de mis propios deseos, obsesiones y preocupaciones. Esta transita a veces por la utopía y otras por la distopía.

sirocomag: ¿Qué artistas, obras, autores o libros han sido fundamentales en tu desarrollo artístico-personal?

Leticia Martínez:  Mis influencias dentro de la historia del arte son muy amplias: desde la imaginería religiosa (sobre todo medieval y renacentista, y no únicamente europea), la pintura flamenca, el Art Nouveau y, especialmente, el arte moderno, abarcando desde el impresionismo hasta las vanguardias del siglo XX. Hago especial hincapié en las propuestas de los artistas para el teatro y los Ballets Rusos, como las colaboraciones de Henri Matisse, Max Ernst, Sonia Delaunay o Joan Miró, así como en hitos escénicos de la vanguardia y el teatro popular, entre los que destacan el Ballet triádico de Oskar Schlemmer o el espectáculo de teatro de calle y títeres gigantes Mori el Merma, de Miró y La Claca.

Montaje expositivo de “Y me convierto en un río, cuya lengua marrón no descansará”, de Inéditos 2026 en La Casa Encendida. Fotografía: Maru Serrano. Cortesía de la artista
Detalle de obra de Leticia Martínez. Fotografía cortesía de la artista

Por otra parte, bebo de la narrativa visual del cine y de las series de animación japonesa que veía durante mi infancia; en ocasiones, mi estética bascula o dialoga con referentes de la cultura pop como Power Rangers, Dragon Ball, Sailor Moon o Pokémon.

En cuanto a artistas contemporáneos que me sirven de referencia, me interesa mucho el trabajo de Shana Moulton, Haegue Yang, Guadalupe Maravilla o Pilar Albarracín, entre otros muchos.

Algunas de mis lecturas indispensables podrían ser Notas sobre lo camp, de Susan Sontag, Calibán y la bruja, de Silvia Federici, o el Manifiesto cyborg, de Donna Haraway.

sirocomag: El cuerpo ocupa un lugar central en tu práctica. ¿Qué significa para ti trabajar desde el cuerpo y sobre el cuerpo?

Leticia Martínez: Mi cuerpo es mi principal herramienta: soy una persona muy manual y necesito involucrarme de forma directa en todo el proceso creativo. Para mí, trabajar desde el cuerpo implica llevarlo al límite físico, retando mi propia capacidad en términos de escala, fuerza y espacio ocupado; es poner la corporalidad en tensión, aun cuando no siempre sea lo más aconsejable. Me gusta concebir mis obras como piezas capaces de habitar y transformar el entorno: que puedan envolverme en el espacio, flotar o ser habitadas, invitando a la posibilidad teórica o física de subirme a ellas y relacionarme con ellas a una escala real. Me interesa que refugien, impongan o confronten.

Por otro lado, trabajar sobre el cuerpo significa entenderlo como soporte, concepto, territorio simbólico y espacio de experiencia. Me atrae que la escultura actúe como prótesis, indumentaria o armadura. A lo largo de mi trabajo, he creado piezas capaces de envolver la figura humana, he realizado desfiles de moda con ellas y performances que han transformado la anatomía de los y las participantes. Me interesa la noción del carnaval y del travestismo: espacios donde los trajes, las máscaras y las esculturas sirven para tensionar el género o las convenciones sociales, permitiéndonos ser quienes normalmente no somos en ese marco espaciotemporal propio de la performance y del espectáculo en vivo. Me fascina la figura del personaje dentro del folclore y las fiestas populares, donde a quien va disfrazado se le concede una licencia especial para subvertir las normas. Mi intención es trasladar esa lógica al espacio expositivo: activar esa libertad para quien performa, al mismo tiempo que genero frustración, extrañeza o fascinación en quien mira. En este sentido, juego constantemente en la frontera entre la escultura y el sujeto, convirtiendo a los personajes en esculturas vivientes y personificando las esculturas hasta borrar sus límites.

Detalle de vista de “La ninfa, la crisálida, el anzuelo". Fotografía cortesía de la artista

Asimismo, mi práctica explora la representación del cuerpo femenino desbordando sus márgenes normativos. Reclamo la noción de «lo monstruoso» no como un castigo, sino como una herramienta de emancipación y poder plástico. A través de la distorsión, la exageración y el uso escultórico de códigos ligados a la indumentaria o a los peinados, altero las anatomías tradicionales para crear híbridos que desafían el canon: criaturas que funcionan como pinturas o arquitecturas mutantes y que conjugan lo grotesco, lo exuberante y lo tierno, dando forma a una mitología personal que reclama su propio espacio.

Detalle de vista de “La ninfa, la crisálida, el anzuelo". Fotografía cortesía de la artista
Detalle de vista de “La ninfa, la crisálida, el anzuelo". Fotografía cortesía de la artista

sirocomag: Has desarrollado buena parte de tu trayectoria en Francia. ¿Percibes diferencias en la manera en que tu trabajo es recibido/leído en Francia y en España?

Leticia Martínez: Sí, a menudo me dicen que se nota que mi formación artística y estética no es española. Creo que poseo una forma muy francesa de entender el ecosistema del arte, aunque mi trabajo personal maneja referencias más amplias debido a mi identidad mixta.

Montaje expositivo de “La ninfa, la crisálida, el anzuelo”. Fotografía cortesía de la artista
Montaje expositivo de “La ninfa, la crisálida, el anzuelo”. Fotografía cortesía de la artista

A veces siento que existe una exigencia de sobreexplicar la obra que reduce el espacio para la poesía; en mi lenguaje, explicarlo todo equivale a tratar de ignorante a quien mira, sin dejarle margen para interpretar o asimilar lo que ve. Asimismo, me da la impresión de que algunos de mis guiños se leen de forma literal, ignorando sus distintas capas de significado. Por ejemplo, en mi pintura ironizo con la estética y la filosofía New Age, pero aquí suele recibirse de manera más plana que ante el público francés. Existe también una dimensión de autoironía que siento que, en ocasiones, no se llega a percibir del mismo modo.

Retrato de Leticia Martínez. Cortesía de la artista

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