ways of seeing. modos de ver que nos han determinado, mirándonos durante siglos a partir de miradas de hombres sobre nosotras que han condicionado no solo nuestra manera de vernos sino nuestra forma de relacionarnos

Libros de historia que obvian -y continúan obviando- los pasos de las mujeres dentro del arte. Desplazadas y descontextualizadas; mujeres como musas, como esposas de, como figuras detrás de un gran hombre, como meras invitadas que no ejecutan sino que inspiran.

Nos olvidamos a menudo de la importancia de crecer con unos referentes acordes. Cuando naces mujer -y no hablo aquí de órganos ni genitales concretos- es fundamental en nuestro desarrollo conocer la historia real y no sesgada por cuestiones de género. El valor de todo esto estriba en que si no crecemos con unas figuras de referencia acordes a nosotras mismas caeremos en polarizar a la sociedad, creyendo ciegamente que nuestras tareas difieren a las de los hombres y que nunca podremos cambiar la historia ni el arte porque simplemente no hay hueco para nosotras, ni como artistas ni como mecenas ni como nada. En estos planteamientos oficiales las mujeres no tienen los dones suficientes para sobresalir en los distintos panoramas y contextos artísticos. Solo hay Picassos, Dalís, Rodchenkos, Monets, Rothkos, Duchamps, Kandinskys.

Hemos crecido suponiendo que las mujeres artistas directamente no existían, sin saber muy bien el motivo ni preguntarnos porqué. No es hasta que realmente te adentras en el sórdido mundo de la historiografía del arte y en cómo de manera sistemática han desdeñado y borrado la labor de las mujeres artistas, cuando te das cuenta que si la base falla, todo lo que has construido sobre ello no existe.

 

La asignación de roles canónica -presente no solo en los museos sino también en otros campos como la publicidad, en el cine y en la cultura de masas en general- ha perpetuado que durante años se haya expulsado a las mujeres de los museos, salvo para ser retratadas como musas todopoderosas e inspiraciones de los artistas masculinos. No se trata de erigir de nuevo a artistas como adalides feministas sin serlo-Frida Kahlo da fe de ello-ni de martirizarnos. No somos ni putas ni santas. Creamos, pintamos, escribimos, componemos. No somos modas ni necesitamos que hagan parecer que la historia del arte nos incluye de manera hipócrita. Se necesita revisar el canon y los discursos, detonarlos y aportar una mirada alejada de todo lo que se ha dado hasta ahora, dejando claro que no existe un único relato válido universal. 

 

 

El arte contemporáneo como buen deudor de todas estas cuestiones que atañen a las sociedades actuales bebe directamente de ello. Es imposible concebir la historia del arte sin las performers Ana Mendieta, Esther Ferrer, Marina Abramovic, Regina José Galindo, Marta María Perez Bravo, Lygia Clark o Lee Lozano, cuyas obras  subliman el cuerpo en favor de la performance. Sin el espíritu beat en Jay DeFeo. El material fotográfico de Ahlam Shibli que representa la sociedad del XX y el XXI. Las figuras que caracteriza Miriam Cahn o Judy Chicago. Las denuncias de Mona Hatoum o Shirin Neshat. Las instalaciones incómodas de Jenny Holzer o Doris Salcedo. La conceptualidad de Teresa Margolles, Pola Weiss o Priscilla Monge. Los mundos que crea Yayoi Kusama, la multidisciplinar Suzanne Lacy o Tracey Rose. Las esculturas de Louise Bourgeois o Cristina Iglesias. El cine experimental de Maya Deren del que beberían todos los cineastas posteriores. Y así podría seguir escribiendo durante horas.

 

¿Es acaso una democracia real si no se hace una revisión crítica de los cánones culturales que han obviado a las figuras femeninas dentro de los libros de historia del arte?¿No es acaso la educación el arma más poderosa de la que disponemos? ¿Hasta cuándo vas a perpetuarlo? 

 

El cambio no es mañana, el cambio es hoy.

Foto: El objetivo (2017), performance de Regina José Galindo en la Documenta 14 de Kassel (Alemania). Es una pieza participativa en la que el público solo tiene acceso a ver a la artista a través de la mira de cuatro fusiles alemanes G36. Es una obra crítica contra los sistemas de poder y el mercado mundial de armas. 

Créditos: Nicolas Rösener (cámara), Pepe Orozco (edición), Monika Szewcyk (curaduría) y Leon Hösl (producción)

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