Sandra Mujinga en Belvedere 21

Skin to Skin, la primera exhibición de la artista noruego-congoleña Sandra Mujinga (Goma, República Democrática del Congo, 1989) en Austria.

Los mundos distópicos que Sandra Mujinga (Goma, República Democrática del Congo, 1989) reescribe en sus instalaciones se enzarzan en un afán fluídico, híbrido y poético para reflejar las ideas que centralizan su propia práctica artística: la representación, la identidad, los cuerpos (negros), a partir de un lenguaje que entremezcla el elemento sci-fi, el posthumanismo y el afrofuturismo.

Vista de la exposición “Sandra Mujinga. Skin to Skin”, Belvedere 21. Fotografía por Kunst-Dokumentation.com, Manuel Carreon Lopez / Belvedere, Viena

Skin to Skin (que itinera desde el sótano del Stedelijk Museum en Ámsterdam) es la primera exhibición en tierra austriaca —concretamente en el espacio característico para artistas contemporáneos, el Belvedere 21— de la artista noruego-congoleña, curada por Axel Köhne, Melanie Bühler, Vincent van Velsen y Carla Wiggering, y que se inspira en un concepto desarrollado por la periodista y activista canadiense Naomi Klein en su obra Doppelganger: A Trip into the Mirror World (2023), en el que Klein hace un análisis sociopolítico sobre la multiplicación como posibilidad de evasión ante la legibilidad explícita. Mujinga toma esto como base para realizar una instalación donde 55 figuras pseudoantropomorfas —de tamaño real—, envueltas en una instalación que une el mundo escultórico, el propio reflejo y el sonido, interactúan con un público en un espacio en el que se abordan cuestiones de suma importancia en la actualidad, como «la hipervisibilidad y la vigilancia —especialmente en relación con los cuerpos negros— en el espacio físico y digital».

Detalle de la exposición “Sandra Mujinga. Skin to Skin”, Belvedere 21. Fotografía por Kunst-Dokumentation.com, Manuel Carreon Lopez / Belvedere, Viena

En la práctica interdisciplinar de la artista afroeuropea, que abarca desde la instalación, la fotografía, la performance, el video y la música hasta la escultura, vemos cómo dibuja una individualidad diluida. En estas 55 figuras, desprovistas de rostro, envueltas en ropajes pesados y densos, el tiempo se fragmenta en una simbiosis que hace confluir el reino animal con el humano, empleando aquí ideas como la nocturnidad, el camuflaje o la propia repetición, que «funcionan en la exposición como medios de autoafirmación y protección frente al control externo y la imposición de estereotipos».

Sandra Mujinga, “Touch Face 1–3”, 2018. Vista de la instalación en “Poetry for Revolutions”, Instituto Svizzero, Roma, 2023–24. Fotografía por Daniele Molajoli
Sandra Mujinga, “Nokturnal Kinship” (detalle), 2018. Vista de la instalación en “SONW – Shadow Of New Worlds”, Bergen Kunsthall, 2019–2020. Fotografía por Thor Brødreskift. © Bergen Kunsthall

A partir de esta muestra, Mujinga nos hace imaginar una posibilidad de futuro que debe incluir la coexistencia, el grupo, en una suerte de contraposición a la individualización propia del neoliberalismo (esto es, del capitalismo), sumergiendo al espectador en una nueva —y alegórica— escena donde la mutabilidad y la colectividad residen en la base del entendimiento global.

Retrato de Sandra Mujinga. Fotografía por Chai Saeidi, cortesía de Belvedere 21

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