María Magdalena: el mito

Uno de los mitos femeninos por excelencia que atraviesa la cultura occidental.

Pocas efigies de la historia del arte occidental han sido tan (re)interpretadas, transformadas, discutidas y disputadas como María Magdalena. Santa y pecadora, discípula y tentación corpórea, mística y figura independiente: su imagen mítica ha servido durante siglos como un espejo cristalino —y no pocas veces, cruento— donde cada sociedad ha proyectado sus miedos, deseos y contradicciones en torno a la encarnación de lo femenino. En 2026 y 2027, varias exposiciones nacionales e internacionales vuelven a colocarla en el centro del debate sociocultural, confirmando que su historia mítica sigue (incómodamente) viva.

Desde septiembre de 2026, el Städel Museum de Frankfurt presentará Mary Magdalene —una gran exposición monográfica dedicada a esta figura en el ámbito cultural germano—, un ambicioso percorso por siglos de imágenes que viaja desde la penitente asceta a la encarnación femenina de la modernidad. Pinturas, esculturas y grabados de artistas como Artemisia Gentileschi, Georges de la Tour, Alberto Durero, Auguste Rodin o Marlene Dumas revelan cómo María Magdalena se confecciona (y, en realidad, sigue construyéndose) como una auténtica “pantalla de proyección” cultural, un espejo que proyecta asimismo deseo y arrepentimiento, pero también el cuerpo carnal y la fe, la culpa cristiana y la emancipación de la misma.

Jerónimo Jacinto de Espinosa, “La última comunión de María Magdalena”, 1665, óleo sobre lienzo, 317,3 × 228 cm. Cortesía del Museu de Belles Arts de València.
Nieves González, “Le sorgenti cantano”, 2025, óleo sobre lienzo, 116 × 97 cm. Cortesía de galería T293.

El Städel subraya precisamente la tensión generada por la tradición —como silenciada discípula, reducida a arquetipo moral—, anunciando la posibilidad de una lectura que provenga de un modelo de autodeterminación femenina.

Esa misma dualidad conduce la muestra en terreno nacional de Magdalena. Santa y pecadora, que cerrará la programación de 2026 del Museu de Belles Arts de València, tal y como se anunció hace escasos días. Con obras clave del Barroco mediterráneo, la propuesta reflexiona sobre los roles asignados a la mujer en la historia del arte a través de una figura donde confluyen extremos irreconciliables en la temporalidad cristiana católica preponderante, profundamente dogmática: la tentación de Lilith se funde con la pureza virginal en una comunión entre perfección espiritual y peligro.

“Saint Mary Magdalene as a Penitent”, Alemania meridional/Austria?, primera mitad del siglo XVII, marfil parcialmente dorado. Liebieghaus Skulpturensammlung, Frankfurt am Main, colección Reiner Winkler.

Un ejemplo paradigmático es La última comunión de María Magdalena (1665), de Jerónimo Jacinto de Espinosa, donde el dramatismo contrarreformista convierte —literalmente— su cuerpo penitente en escenario de una exuberante exaltación sacramental. La calavera, el tarro de perfumes y la melena desbordada insisten en un relato bíblico donde se ensarta la emoción, el arrepentimiento y la carne que se (auto)disciplina, personificando en María Magdalena la redención y la belleza de la renuncia.

Frente a estas lecturas transhistóricas, el arte contemporáneo propone una nueva resituación del mito. La artista onubense Nieves González lo hace desde el símbolo en Sacred Hair / Capelli Sacri, su primera exposición individual en Italia, curada por Victoria Rivers. A través del cabello sansoniano, el cáliz, la cueva o la sangre, González recupera a la María Magdalena discípula, mensajera y portadora de un conocimiento sistemáticamente deshecho entre nebluras, emergiendo como un arkheion sagrado capaz de conectar la corporeidad con la memoria viva y sangrante de la espiritualidad descabezada.

Lejos de ilustrar un relato cerrado y caduco, estas exposiciones coinciden en algo esencialmente puro: María Magdalena no es un personaje fijo y estático, sino un lugar simbólico. Cada época la ha reinventado, preguntándose sobre su deseo y su relación con lo sagrado, hablando desde esta figura como una brecha abierta entre pretérito y futuro, cuyas huellas seguimos trazando. 

Artemisia Gentileschi, “Penitent Mary Magdalene”, 1625–1626, óleo sobre lienzo, 108,8 × 93 cm. Kimbell Art Museum, Kahn Building, South Gallery, Fort Worth, Texas.

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