La composición lírica de la elegía personifica una oda a algo o alguien que ya no existe, al menos en el estado en el que lo conocimos originalmente. Una invocación a la esencia que queda, al perfume del olvido, a algo eminentemente existencial. Un gesto último dedicado a la memoria es, efectivamente, críptico, ficcional, heterogéneo, caleidoscópico y visceral.
En esta esencia se embebe popea. Universitat Herbal. Xismes de pintoras, una muestra instalativa site specific de popea —Catalina Obrador—, curada por Cristina Anglada para el espacio D de Es Baluard Museu d’Art Contemporani de Palma, hasta el próximo 3 de mayo.
Popea (Santanyí, 1977) evoca su etapa como estudiante de Bellas Artes en la Facultad de Cuenca en la década de los noventa a través de pintura, escritura, sonido, acción colectiva y lecturas en voz alta: “telas teñidas con elementos naturales”, periódicos reutilizados o “cuadros antiguos” entremezclados con la arquitectura emergente, construyendo así un nuevo tejido memorístico, colectivo y ahora compartido, como un telar con el público que asiste a la exhibición, convertido en memoria común del tránsito de la artista balear.
Evocaciones bañadas por el mar, una intimidad que emula un tránsito a medio camino entre un archivo que se reactiva temporalmente (en 2025, en el Campamento Jeleton, junto al colectivo homónimo y el sonorista Rafael Martínez del Pozo que dio lugar a algunos materiales artísticos que se exhiben en la muestra, y ahora en Es Baluard) y esos repositorios antiguos que nos conducen a las islas Cícladas, donde en las tumbas se depositaban ídolos marmóreos de brazos cruzados, figuras casi idénticas entre sí, testimonio de una memoria pensada desde la repetición y la comunidad.
Una poética que emerge del recuerdo, uno de los recursos más prolíficos de la cultura occidental. Beber de él —de su ficción, de su relación con el presente y del elogio de la sombra— implica un quiebro de la esperanza, pero también una nostalgia a veces desatinada que comporta una levedad mayor: aquella que riñe con el mañana, pero habita el hoy, creando un entorno inmersivo, un juego continuo entre “memoria, percepción y relato”, desde un trabajo pictórico expandido donde popea se desplaza hacia la oralidad, los procesos colaborativos, la escritura y la lectura, generando un tiempo común, compartido y cuidado.
En la Ilíada homérica, Penélope teje el recuerdo individual y popea aquí convoca la energía de la colectividad.