la necesidad de un espacio propio de expresión es algo inherente a cualquier ser humano, sin embargo, esto queda acentuado para las artistas femeninas. ¿qué papel juega la educación en todo esto?

La deconstrucción del canon literario para dar espacio a aquellas autoras que no lo tuvieron (tienen) es tan real como necesario. Vivimos en un momento sociohistórico en el que la mujer lucha incansablemente por tener su propio hueco en el mundo -cultural o no- sin estandartes masculinos de apoyo. Las artistas (escritoras, cineastas y un largo etc) han existido siempre a lo largo de la historia, sin embargo, sus obras no siempre han trascendido como tal, a pesar de que en su momento contemporáneo sí tuvieran reconocimiento.


La literatura, al igual que muchas otras disciplinas, ha resultado de gran dificultad para que una mujer fuera tomada en serio. La narrativa femenina era -y es- tildada de sentimental e intensa, al igual que sucede con las artes plásticas realizadas por mujeres, para cuya descripción se alude en ocasiones a tonos o paletas de color “femeninas”, siempre en relación con las tonalidades suaves. Pero, ¿por qué se ponen barreras a las expresiones artísticas?¿Qué es lo femenino y lo masculino en el arte? ¿No es acaso universal el arte y no entiende de sexos?


Sin entrar en las cuestiones que atañen al género como construcción cultural -para lo cual me remito a Judith Butler- quiero llegar a un aspecto que choca de manera directa con lo anteriormente expuesto y es la educación. Al igual que sabemos que la historia la escriben los vencedores debemos ser conscientes de que los cánones culturales de cualquier tipo están siempre sesgados y que la importancia de todo esto estriba en que la educación que recibimos desde la infancia nos ayudará a conceptualizar el mundo.  Aunque a priori parece que no pueda ser dañino pensar que en la Generación del 27 no hubiera mujeres artistas y escritoras, hace que una parte de nuestra historia y nuestros antecedentes socioculturales queden en blanco para nosotros -como sociedad actual- porque simplemente lo han borrado de los libros oficiales de texto.


Hidra de muchas cabezas resulta educar en la igualdad y el respeto, sin caer en el machismo consciente o inconsciente; por ello una labor crucial que tiene (o debería tener) la educación es fomentar esos valores y mostrarnos que el arte, a cualquier nivel, no entiende de órganos sexuales de ningún tipo. Desde Luisa Carnés -la eterna olvidada de las Sinsombrero- a Natalia Ginzburg podemos asistir a retratos de la sociedad del siglo XX en la que vivieron que necesitan ser estudiados y enseñados en las escuelas. Gracias a lo que ellas escribieron podemos sentirnos como personas reales que habitaron en sus respectivos tiempos. Con ellas, podemos ser testigos de las penurias del momento, del destierro y la posguerra italiana, del trabajo precario cuyas únicas salidas para las mujeres eran el matrimonio o la prostitución, las revueltas sociales, la maternidad, del sentimiento de sentirse escritora por encima de todo, de la política que socialmente estaba a punto de explotar. Vemos a través de ellas a un crisol de mujeres despiertas, acomodadas, pobres, vivarachas, misteriosas y luciféricas. Con el ánimo y el pecho henchidos y el alma a la espalda de tanto trabajar para los demás y nunca para sí mismas.


Así, debemos concienciarnos de que no solo la lectura de escritoras hará que tengan un hueco en la historia -aunque esto ya es un comienzo- sino que debemos revisar el canon literario y ser capaces de discernir entre lo que es real y lo que no; el hecho de que no se nos hable de las Sinsombrero no borra su existencia pero, ¿no deberíamos aplicar la -desdichada- duda cartesiana y ser más críticos con aquellos conocimientos que se nos dan como únicos y verdaderos? ¿Somos acaso pasmarotes pasivos que debemos acatar todo aquello que se nos dice desde que crecemos? Obviamente, somos “libres”; libres de aceptar sin atisbo de rechiste todo aquello que proviene de la educación, pero también somos libres de todo lo contrario, investigar, ser críticos y ávidos por conocer y saber lo que hay detrás. ¿O es que acaso has venido a este despiadado, cruel, sutil y luminoso mundo a que sean otras personas que no son tú los que dicten y definan aquello que debemos o no saber, conocer e interiorizar?

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