la vida en la ciudad nos oprime, nos ahoga y aniquila nuestro yo, reduciéndolo a cenizas de sueños incumplidos e insatisfacción

La ciudad es el foco por excelencia donde se concentra la enfermedad. La enfermedad física y, sobre todo, la mental. Es donde se acumula todo lo que está mal, los abusos y excesos que nos perjudican, nos alejan de la salud y de la vida plena. Se han magnificado hasta tal punto los atractivos de la urbe como lugar idóneo de residencia que, junto a la aglomeración de los medios de producción en torno a ésta, han atraído a miles de personas en busca de oportunidades laborales y divertimentos burdos y fútiles.

 

España, país bello allá donde los haya, que tradicionalmente ha tenido mucho movimiento y vida en el mundo rural, le da la espalda a éste y permite su envejecimiento y destrucción de forma sistemática por el abandono estatal e individual. En parte, está en nosotros mantenerlo vivo, conservarlo, rejuvenecerlo, apreciarlo y disfrutarlo.

 

Por pobreza, debilidad y miedo y el apremio por cubrir unas necesidades, se ha producido este éxodo rural, desde una vida de salud en el campo a una vida enferma y subterránea en la ciudad. Una vida acelerada, embrutecida, lejos de las buenas costumbres y tradiciones del campo (no quiero decir que no haya igualmente embrutecimiento y malas costumbres en los pueblos; las hay, por supuesto, muchas como vestigio de arcaicas doctrinas esclavizantes de la moral).

 

La ciudad te consume, te aprisiona, machaca tu individualidad, que se desvanece entremezclada en la enorme colmena de hormigón, e impide tu desarrollo personal. El verdadero desarrollo personal. Actualmente, vives para la mera satisfacción del monstruo insaciable del capitalismo. Te educan para el trabajo, enfocas toda tu vida al trabajo, a conseguir ascensos, promociones, posiciones ventajosas; mientras, te aletargan con los dardos del entretenimiento inmediato e insustancial. Sumergido en esta vorágine, tu yo se funde con todos los miles de yos que te rodean.

 

El verdadero éxito sería desligarse de todas estas construcciones, huir de la enfermedad, enfocarte en ti, en la fortaleza, la salud, la vitalidad, la buena alimentación. Ser humilde, honrado, sincero, fiel; fuerte, valioso. Nuestro deber para con nosotros es conocernos, expandirnos, cuidarnos en un entorno lo más benigno posible y esto solo lo podemos hallar retirados y alejados del bullicio de la multitud y la maldad. Debemos reclamar el medio rural como medio para una vida feliz. Para no olvidar nuestro pasado y tener un futuro.

fotografía: marie gardez
Categoría: no

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