el tenebrismo y el claroscuro no nacen en el barroco pero tienen su máxima representación en este momento; sin embargo, esta tendencia pictórica -y este modo de representar y ver la realidad- no se limita a una etapa y a unas disciplinas

Las tendencias humanas del alma vienen y van. Se materializan en momentos concretos de la historia para luego desaparecer sin dejar rastro, como si nunca hubieran estado presentes y, posteriormente, volver a manifestarse sin ser esperadas. Tales tendencias se pueden expresar a través del arte, en cualquier nivel y ámbito; y además, no entienden de disciplinas o tiempos históricos. El tenebrismo barroco -el claroscuro llevado al límite- siempre la he visto como una de esas tendencias.

 

Para ponernos en antecedentes, diremos que el tenebrismo es un estilo pictórico (aunque también es una corriente de pensamiento) que intenta potenciar los contrastes de luz y oscuridad. Este claroscuro que se genera dota al cuadro de una atmósfera teatral, dramática, subversiva, forzada en ocasiones pero, sin duda, viva y vibrante. Caravaggio fue uno de sus exponentes más reconocidos y, como toda corriente artística que se precie, tuvo sus posteriores influencias. No surge espontáneamente en el Barroco, puesto que en el Renacimiento ya se usaban técnicas similares, pero es en época barroca cuando está técnica es llevada a sus máximos extremos, con los contrastes de mayor fuerza.

 

Sin embargo, el tenebrismo no habita solo en las artes plásticas. Lo veo de manera tangible y real en los textos de Lorca. En algunos de los escritos que forman el poemario  de Poeta en Nueva York (como Paisaje de la multitud que vomita o Vuelta de paseo) solo veo tinieblas, luces, letras vibrantes, subversión de lo que vemos y de lo que creemos ver. Federico García Lorca escribió estos poemas en un intento de arrojar cierta claridad, emoción y verdad; pero a través de una mano y un corazón sangrantes que buscaban la potencia en la brusquedad que proporcionan los contrastes abruptos y las palabras arrojadizas que, en ocasiones, se me antojan como dagas.

Dejando las letras por un momento a un lado, ¿desaparece el claroscuro aquí? Como toda tendencia humana del alma que se precie, no. Llegamos aquí al expresionismo abstracto de Mark Rothko. Rothko no pretendía iluminar la escena completa que recreaba en cada gran obra (y no solo por su formato) que pintaba; aspiraba a trascender,  expresando emociones universales, llenas de contrastes y contradicciones, vida, muerte, dolor, drama.

 

¿Sinestesia? No exactamente. Veo conexiones, puntos de unión que me ayudan a entender las expresiones artísticas y a quienes las crean. De dónde proceden sus impulsos vitales y hacia dónde van. Los límites entre espacios, artes y tiempo solo los ponemos los propios seres humanos, por nuestra tendencia a etiquetar y definir. Sin embargo, no están realmente.

Las etiquetas en la naturaleza no existen, ¿por qué las deberíamos de poner nosotros?

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